Profundicemos sobre la GRATITUD…

Cuando uno realmente encarna la gratitud, el universo encuentra maneras de sostenerlo.

No porque sea magia.

Sino porque la gratitud bien integrada te mantiene en apertura, en confianza y en discernimiento.

Y la abundancia fluye mejor en un campo limpio que en uno complaciente.

La mayoría agradece el resultado, pero no honra el proceso.

Celebran lo que obtuvieron, pero olvidan lo que los transformó para poder sostenerlo.

Y ahí está la incongruencia.

Porque si no honras el camino, no entiendes el valor de la llegada.

La gratitud real no exige.

No reclama.

No se siente merecedora de privilegios por “hacerlo bien”.

La gratitud verdadera inclina la cabeza y reconoce:

nada me es debido, todo es oportunidad,

todo es aprendizaje.

Pero sucede que…

Y cuando algo no llega, cuando algo se rompe,

cuando algo duele…

Y entonces la gratitud desaparece.

Porque no era gratitud.

Era expectativa disfrazada.

Quien no encarna gratitud, tarde o temprano revela incoherencia.

“La prueba real de nuestra evolución no es cuánto cambiamos… sino cómo tratamos a quienes nos sostuvieron cuando estuvimos rotos.

Vía: Anónimo 

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