“No quiero molestar.”

A veces esa frase no habla de educación.

Habla de miedo.

Miedo a pedir apoyo y que te respondan con rechazo.

Miedo a expresar lo que sientes y que alguien lo convierta en exageración.

Miedo a necesitar algo y que eso incomode a los demás.

Pero sentir no es molestar.

Pedir ayuda no es molestar.

Decir “esto me duele” no es molestar.

Necesitar contención no te vuelve una carga.

Tal vez aprendiste a hacerte pequeño emocionalmente para no incomodar.

Tal vez te acostumbraste a callar porque alguna vez alguien te hizo sentir que tus emociones eran demasiado.

Tal vez no era que tú molestabas… tal vez estabas rodeado de personas que no sabían sostener.

Y eso deja marca.

Por eso, cuando dices “no quiero molestar”, quizá lo que realmente estás diciendo es:

“no quiero que me rechacen por necesitar”.

En terapia, muchas veces no empezamos hablando de lo que duele.

Empezamos entendiendo por qué aprendiste a esconderlo.

Porque mereces hablar sin sentir culpa.

Mereces pedir ayuda sin pedir perdón por existir.

Mereces sentir sin tener que justificar cada emoción.

Vía: Anónimo

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