Hay una verdad que el ego odia… pero el alma reconoce al instante:
Lo que no es para ti no se va en el primer intento… se queda para enseñarte a soltar.
Te ilusiona… te acerca… te hace creer que esta vez sí…
y justo cuando bajas la guardia, te rompe.
No es mala suerte.
No es el destino en tu contra.
Es la vida repitiendo la misma lección… hasta que dejes de ignorarla.
Porque no te duele perder algo que era tuyo.
Te duele insistir en algo que en el fondo sabes que nunca encajó contigo.
Pero prefieres quedarte…
por miedo a empezar de nuevo,
por apego,
por costumbre,
por esa falsa esperanza de que “esta vez será diferente”.
Y ahí es donde comienza el ciclo:
Te decepciona
Lo justificas
Vuelves
Te decepciona más fuerte
Hasta que un día ya no puedes mentirte más.
Y entiendes algo que cambia todo:
La vida no te está castigando… te está entrenando para que dejes de traicionarte.
Cada decepción es un espejo.
Cada caída es un mensaje.
Cada cierre que ignoras… se convierte en una herida más profunda.
No pierdes por soltar…
pierdes por quedarte donde tu paz no puede crecer.
Y cuando finalmente eliges irte…
no pierdes nada.
Recuperas tu energía, tu dignidad… y algo más peligroso:
tu claridad.
Esa claridad que ya no negocia,
que ya no ruega,
que ya no persigue lo que no la elige.
Porque el alma despierta no busca encajar…
elige.
Y cuando eliges desde la verdad…
lo que no es para ti deja de doler…
y empieza a liberarte.
Si este mensaje te incomodó… es porque ya lo sabías.
Vía: Anónimo
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