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“Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos inquieta”

Esto coincide con una reflexión de la corriente de pensamiento filosófica, de parte de la religión Judía que procede del “Libro del Hilo Rojo”

“La Kabbalah dice que el mundo está organizado estratégicamente para [que] todas las personas de tu vida -desde tus amigos más cercanos hasta tus conocidos ocasionales; desde tus familiares hasta los extraños con quienes te cruzas en la calle-, compartan… [aspectos negativos] iguales a los tuyos.

He aquí cómo sucede esto: los actos y los rasgos negativos de otros te serán mostrados durante el transcurso de tu vida diaria.”

Recurro a un simple ejemplo. Nos compramos un coche marca “x” color verde y empezamos a ver coches “x” verdes por doquier; o lo hacemos con un vestido o camisa determinados y justo el día que los estrenamos vemos (un poco enfadados) como ese mismo vestido o camisa son portados por otras personas.

Cuando los tenemos es cuando los vemos. Estaban ahí antes, pero no lo percibíamos hasta que los tuvimos.

Si me permiten, yo añadiría que no sólo esos “aspectos negativos” además, los positivos, tus propias virtudes reflejadas en los demás te serán mostradas. Por tanto cabría reflexionar que hay espejos en los que mirarse y que si admiramos a una persona es porque sus cualidades, también están en nosotros.

Ahora que lo sabemos sería cuestión, por una parte, de ACEPTAR (palabra clave) que esos “aspectos negativos” están en nosotros también, ponerles nombre, no luchar contra ellos, considerarlos como un regalo para mejorar, y por otra, vernos con orgullo cuando compartimos el otro reflejo, el positivo, orgullosos de seguir mejorando.

Finalizo con la continuación de la conversación del joven Sinclair y Pictorius en Damian:

“Las cosas que vemos -dijo Pistorius con voz apagada- son las mismas cosas que llevamos en nosotros. No hay más realidad que la que tenemos dentro. Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque cree que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría. Sinclair, el camino de la mayoría es fácil, el nuestro difícil. Caminemos.”

Shalom.

 Vía: Demian (Hermann Hesse)

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